L’Altu Nalón

Posted: Xineru 29, 2012 in Uncategorized

En medio de estos días estresantes, de intentos de incrementar la histeria ante la crisis, de constantes y absurdos bombardeos de lo mal que nos va y de las pocas probabilidades de conseguir trabajo, de exámenes y demás situaciones desesperantes, volver durante unas horas del día a tus raíces parece que ayuda a cambiar un poco la perspectiva (aunque en el mejor de los casos, este optimismo dure apenas un par de días) y cargar de nuevo tu ilusión.

Estar casi todo el día enfrente de unas hojas con palabras y palabras y más palabras, a distancia de unos veinte centímetros consigue que veas el mundo como un caballo con los ojos tapados lateralmente para que no se distraiga. Da la impresión de que todo es gris alrededor y lo único válido es el montón de papeles de la mesa de estudio. Además de sentir la vista más cansada por el esfuerzo excesivo de tus músculos oculares ocupados casi todo el día en lograr la acomodación de tu vista a una distancia pequeña, a las hojas. Queda claro el consiguiente agotamiento mental de esta situación.

En estas circunstancias tan agotadoras como necesarias para mi futuro (esperanzador siempre), coger el coche con un amigo e ir al lugar donde nací y la zona que sentí desde niño, no tiene precio. Por fin relajo la vista’cause ya puedo mirar a lo lejos, a las montañas con algo de nieve ya. Nuestros ojos están preparados para eso, para mirar a lo lejos, para cazar. Mis músculos oculares me lo agradecieron…

Llaviana, Sobrescobiu y Casu, olía a fuego de chimeneas, a hierba, a frío de nieve. Esa temperatura helada y ese ambiente extremadamente húmedo, típico de esa zona que a pesar de ser desagradable me hizo sentir otra vez en casa.

En Soto de Agues siempre hay montañeros los domingos. Son las cuatro y media y ya vuelven de su Ruta del Alba. Mientras paseamos por la calles del pueblo no podemos sino dejarnos llevar por los recuerdos de nuestros abuelos y padres, de los recuerdos de nuestro pueblo. Mira esa tenada, cuantas veces jugaría allí a esconderme, cuantas cabañas no haría con fardos, cuantos palos no me caerían en la espalda por meterme en cuadras ajenas. ¡Qué tiempos! El valle deja ver su pasado glaciar. Praderas en forma de U. El pueblo en medio del valle con la iglesia’boutsaliendo. Parece un cuento de los Alpes. Dejamos tratos hechos por cumplir; tenemos que hacer la ruta del Alba, tenemos que venir a comer un cachopo de venao con salsa de almendras a Casa Llaímo, tenemos que ir de montaña este año. Lo haremos.

Vemos bajo un sol invernal que los días cada vez son más largos, que un cafetín ayuda a calentar el cuerpo en el chigre de Linares, donde las señoras mayores muy buen vestidas y maquilladas (para algo es domingo) juegan al bingo, los señores mayores (arreglados por obligación de las primeras) echan la partida. Otro grupo de gente ve el partido del Sporting en la televisión. Arreglan el mundo con el codo apoyado en la barra y dicen que ellos podrían jugar mejor que ese chaval con esos pelos. Al principio entras y te miran, claro que te miran. No eres de allí. Extrañamente, a los pocos minutos, ya te sientes de allí y los nuevos que entran por la puerta llaman tu atención. Piensas…no son de aquí. El calor de los cafés nos empieza a reconfortar con cada sorbo y afuera el embalse de Tanes nos espera. Que pena que hoy no hay moteros reunidos en la terraza de Linares, estará demasiado frío para eso.

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